La Casa del Obispo de La Laguna: historia, arte y resiliencia de un símbolo barroco de Canarias

La Casa del Obispo de La Laguna, conocida popularmente como Casa Salazar, es uno de los edificios más singulares del casco histórico de San Cristóbal de La Laguna y uno de los pocos ejemplos de palacios señoriales que existen en Canarias, junto al de Vegueta, en Las Palmas de Gran Canaria. Su construcción comenzó hacia 1629 por iniciativa de Cristóbal Salazar de Frías, uno de los miembros de las familias más influyentes de Tenerife, y fue finalizada en torno a 1687. Con el paso de los siglos, ha mantenido su esencia, aunque no sin resistencia y prueba: ejerció funciones políticas, sociales y culturales hasta convertirse, en 1891, en la sede del Obispado Nivariense, bajo la dirección del obispo Ramón Torrijos y Gómez. Su importancia fue reconocida con la declaración de Bien de Interés Cultural en 1982 y con su integración en el conjunto patrimonial de La Laguna inscrito por la UNESCO en 1999 como Patrimonio Mundial.
El edificio es un ejemplo sobresaliente de la arquitectura barroca en Canarias, con matices manieristas y neoclásicos que lo convierten en una referencia estética. Su fachada, tallada en piedra volcánica con elementos de cantera locales, se eleva sobre dos alturas y destaca por su portada monumental con columnas salomónicas y un escudo central de mármol de Carrara, símbolo de la familia Salazar. Los detalles decorativos en balcones y vanos, junto con los elementos heráldicos, otorgan a la fachada un carácter solemne y al mismo tiempo profundamente humano, integrando la forma de la calle San Agustín, una de las más emblemáticas de La Laguna, donde se mezclan los antiguos callejones y el entramado colonial con el escudo heráldico familiar, que refleja la fusión de materiales y tradiciones locales, mientras que los geométricos capiteles que adornan la obra del inmueble añaden un aire inquietante y único dentro del panorama de la arquitectura canaria.
A lo largo de su historia, la Casa del Obispo ha conocido usos muy variados. En 1723 llegó a alojar al Capitán General Valhermoso, lo que demuestra su importancia como residencia representativa en el marco insular. A mediados del siglo XIX, en 1885, fue sede del casino “El Porvenir”, lugar de encuentro social y cultural para la élite lagunera de la época. Con la compra por parte de la diócesis en 1891, el inmueble comenzó su etapa más duradera y estable como sede del Obispado, función que ha mantenido hasta la actualidad. No obstante, el edificio también ha sido escenario de momentos excepcionales, como el traslado de la imagen del Santísimo Cristo de La Laguna a su capilla durante la riada del 26 de enero de 1713, cuando las aguas amenazaban con destruir parte de la ciudad. Este hecho reforzó el vínculo entre el inmueble y la religiosidad popular lagunera, uniendo patrimonio material e intangible en un mismo espacio.
El artesonado octogonal del zaguán
El interior de la Casa del Obispo conserva elementos singulares como el techo octogonal de madera que corona el zaguán principal, una obra de carpintería de armar heredera de la tradición mudéjar que se mantenía en Canarias desde el siglo XVI. Su diseño no responde únicamente a criterios estructurales, sino también simbólicos, ya que la forma octogonal permite una mejor distribución de cargas y genera sensación de amplitud en un espacio concebido como antesala de ceremonias y recepciones. La talla que comprende el alfarje de caña, junto con la geometría de la pieza, convierte al artesonado en un ejemplo notable de la maestría artesanal de la época. Este elemento no solo se valora por su diseño geométrico decorativo, sino como un símbolo de estabilidad y prestigio, uniendo pasado y presente en la lectura global del edificio.
La historia reciente de la Casa del Obispo está marcada por la tragedia y la resiliencia. El 23 de enero de 2006 un incendio devastador redujo a cenizas prácticamente todo el interior del edificio, devorando en minutos la fachada de piedra y parte de los muros. El fuego, que se desató de madrugada, no provocó víctimas mortales, y el hecho histórico pudo salvarse gracias a que se encontraba en una cámara ignífuga especialmente preparada. Sin embargo, el impacto en la ciudad fue profundo. La Laguna perdió uno de sus símbolos más reconocibles y un pedazo de su memoria colectiva. Tras el desastre, la respuesta fue unánime. Instituciones públicas, iglesias, empresarios y ciudadanos anónimos participaron en la reconstrucción, dando forma a la importante patrimonialidad del inmueble. En 2009 la Casa Salazar reabrió sus puertas totalmente renovada, adaptada a las necesidades del siglo XXI, manteniendo imponente fachada como testimonio de la historia y dotándose de un interior moderno y funcional.
Unos jardines verdaderamente espectaculares
Los jardines de la Casa del Obispo son un rincón poco conocido que aporta serenidad y belleza al conjunto del palacio. Tras la solemne fachada barroca se abre un espacio íntimo, ajardinado con especies ornamentales y árboles que aportan frescor y sombra, donde el visitante puede percibir el contraste entre la monumentalidad de la piedra y la delicadeza de la naturaleza. Estos jardines, que han sido cuidados y renovados tras la reconstrucción del edificio, no solo cumplen una función estética, sino que evocan el estilo de los patios canarios, concebidos como espacios de convivencia, contemplación y recogimiento. En ellos se funden la historia y la calma, convirtiéndose en un refugio silencioso dentro del bullicio del casco histórico de La Laguna.
Uno de los elementos más sorprendentes de esta nueva etapa es la capilla contemporánea inaugurada en 2010, concebida como un espacio de espiritualidad y arte. Decorada con mosaicos de inspiración bizantina, la capilla representa la escena de Pentecostés y recoge referencias a figuras esenciales para la diócesis: San José de Anchieta, misionero tinerfeño en Brasil; San Pedro de San José de Betancur, fundador de la Orden Bethlemita en Guatemala; los Mártires de Tazacorte, asesinados en La Palma en 1570; y la venerada sor María de Jesús de León. Esta integración del pasado y el presente en clave artística convierte a la capilla en un ejemplo único de arte sacro contemporáneo en Canarias, donde tradición, memoria y modernidad dialogan en un mismo espacio.
Fragmentos de piedra con historia
Dentro de la Casa del Obispo también se conservan restos originales de columnas y capiteles que hoy se exhiben como testigos materiales de su pasado. Tallados en piedra volcánica, estos fragmentos muestran la importancia del estilo clásico reinterpretado en Canarias, con volutas, hojas de acanto y motivos que recuerdan la influencia del orden jónico y corintio. Aunque se encuentran deteriorados por el paso del tiempo y por los estragos del incendio de 2006, su presencia otorga al edificio un valor añadido, al permitir al visitante contemplar de cerca piezas que en su día fueron parte estructural y ornamental del palacio.
Ubicados en zonas del interior y en los jardines, estos capiteles no solo aportan interés arqueológico, sino que refuerzan la lectura histórica del inmueble, mostrando cómo la piedra fue el material que dio identidad y continuidad a la arquitectura canaria desde el siglo XVII hasta la actualidad.
El edificio, además, está cargado de detalles arquitectónicos que atraen la atención de investigadores, turistas y curiosos. La rejería de los balcones, los escudos heráldicos, las gárgolas zoomórficas y la cuidada cantería hablan de un estilo singular que no se repite con facilidad en el resto del archipiélago. La piedra volcánica de su fachada no solo confiere solidez y elegancia, sino que fue la auténtica salvadora del inmueble, pues resistió las llamas de 2006 y permitió que la Casa del Obispo pudiera reconstruirse sin perder su presencia urbana en la calle San Agustín.
Hoy, este contraste entre la piel pétrea original y los interiores renovados tras el incendio es también parte de su encanto, un recordatorio de la fragilidad y la fuerza de los edificios históricos.
La Casa del Obispo de La Laguna no es solo un inmueble administrativo. Es un símbolo vivo de la historia de Tenerife y de Canarias, un edificio que ha sobrevivido a erupciones, incendios y transformaciones sociales, manteniéndose siempre como referente en el corazón de la ciudad universitaria. Su comparación con el Palacio Episcopal de Vegueta, en Las Palmas de Gran Canaria, refuerza aún más su singularidad, pues ambos inmuebles son testigos del papel fundamental que desempeñó la iglesia en el desarrollo urbano, social y cultural de las islas desde el siglo XVI.
Hoy, quienes pasean por la calle San Agustín pueden detenerse frente a la fachada y contemplar no solo una joya del barroco canario, sino también siglos de historia condensados en piedra. Un lugar donde patrimonio, religión, arte y memoria se entrelazan para recordar que La Laguna es una ciudad hecha de tiempo, resiliencia y belleza.










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