InicioOpiniónNi derribado ni rehabilitado el Chasna símbolo del fracaso institucional

Ni derribado ni rehabilitado el Chasna símbolo del fracaso institucional

Un año después del desalojo el edificio Chasna sigue abandonado y ocupado de nuevo

Hace justo un año, el edificio Chasna, ubicado en el sur de Tenerife, fue escenario de un desalojo masivo que marcó la vida de decenas de familias. En aquel entonces, la intervención se justificó por motivos de seguridad y con la promesa de que el inmueble sería rehabilitado y destinado a un nuevo uso social, mientras las personas desalojadas recibirían apoyo económico y acompañamiento para comenzar una nueva etapa.

Sin embargo, doce meses después, la realidad muestra un panorama muy diferente: el edificio sigue cerrado, vacío y en un estado de creciente deterioro, sin que se hayan iniciado las obras de rehabilitación ni se haya definido su futuro. Mientras tanto, muchas de las familias afectadas se encuentran en una situación de vulnerabilidad extrema, y algunos de los mismos vecinos que fueron expulsados han decidido regresar, volviendo a ocupar las viviendas por pura necesidad.

Este regreso no solo refleja la falta de soluciones habitacionales por parte de las administraciones, sino que pone en evidencia que todo el operativo de desalojo, el dinero invertido y el sufrimiento causado han quedado en nada, dejando una herida abierta en el corazón de Tenerife Sur.

Un año sin avances y con promesas incumplidas

Cuando se ejecutó el desalojo, cada persona afectada recibió una ayuda económica de 4.000 euros como compensación temporal. En aquel momento, se presentó como una solución para que las familias pudieran encontrar un nuevo hogar mientras las autoridades gestionaban la rehabilitación del edificio o su transformación en viviendas sociales u otro proyecto de interés comunitario.

Pero con el elevado precio de los alquileres en la zona y la escasez de viviendas disponibles, ese dinero se agotó rápidamente. Muchos vecinos apenas pudieron cubrir unos meses de alquiler, y algunos incluso tuvieron que recurrir a habitaciones compartidas o a la ayuda de familiares para no quedarse en la calle.

“Nos dieron el dinero y nos dijeron que estaríamos atendidos, pero después de eso no hubo seguimiento ni apoyo. La mayoría hemos tenido que buscarnos la vida como hemos podido”, relata Juan, uno de los vecinos desalojados que finalmente ha decidido volver al edificio Chasna ante la imposibilidad de pagar un alquiler estable.

Hoy, el edificio continúa igual o peor que hace un año. Sus fachadas presentan grietas, ventanas tapiadas y basura acumulada, mientras los vecinos del entorno denuncian que se ha convertido en un foco de insalubridad y riesgo. El lugar, que en su día estuvo lleno de vida, ahora es un edificio fantasma, símbolo del fracaso de las políticas públicas y de la descoordinación institucional.

Vecinos que regresan a la ocupación como último recurso

La falta de soluciones habitacionales ha llevado a que algunos de los mismos vecinos que fueron desalojados hayan optado por regresar al edificio, ocupando de nuevo los espacios que una vez llamaron hogar.

Este retorno no es un acto de rebeldía, sino de desesperación, según explican los propios afectados. Sin ingresos suficientes ni un lugar donde ir, y tras agotarse la ayuda inicial, muchos ven en el regreso al edificio la única manera de evitar vivir en la calle.

“Nos prometieron que nadie quedaría desamparado, pero aquí estamos otra vez. Nos echaron para nada. Ahora el edificio está igual y nosotros peor”, denuncia otro de los vecinos que ha vuelto a ocupar su vivienda.

La situación genera una paradoja dolorosa: hace un año se llevó a cabo un costoso operativo para desalojar el inmueble, con la intervención de fuerzas de seguridad, técnicos y personal administrativo, todo ello con un gasto público importante.
Hoy, con algunos vecinos de regreso y sin que se haya avanzado en la rehabilitación, ese esfuerzo parece haber sido inútil, confirmando que el problema de fondo nunca se resolvió.

Animales abandonados, la tragedia silenciosa

Más allá de la crisis habitacional, el desalojo dejó otra consecuencia devastadora que ha pasado en gran medida desapercibida: decenas de animales fueron abandonados durante la evacuación. Muchos perros y gatos quedaron a su suerte en las viviendas vacías o en los alrededores del edificio, sin que existiera un plan institucional para su rescate y protección.

El peso de esta situación recayó sobre protectoras y asociaciones locales, que ya estaban al límite de su capacidad antes del desalojo. Los voluntarios se vieron obligados a improvisar, acogiendo a los animales en jaulas, casas de acogida temporales e incluso habilitando espacios improvisados para evitar que quedaran en la calle.

Bruna, la gata que ahora vive con C-137, es un caso simbólico de esta tragedia. Rescatada de entre los escombros, hoy disfruta de un hogar seguro. Sin embargo, la realidad para la mayoría de los animales no fue tan afortunada: muchos siguen en refugios esperando ser adoptados, otros enfermaron, y algunos incluso murieron por falta de atención y recursos.

“Nos encontramos con una avalancha de casos de un día para otro. No hubo ayuda institucional, todo recayó en los voluntarios. Las jaulas se llenaron y aún hoy seguimos saturados por las consecuencias de aquel desalojo”, explica una voluntaria de una protectora de la zona.

Esta situación evidencia la falta de protocolos específicos para el cuidado de los animales en desalojos y emergencias, un vacío que deja a cientos de seres vivos desprotegidos y que se repite en diferentes municipios de la isla.

Un fracaso institucional que erosiona la confianza

El caso del edificio Chasna ha dejado en evidencia múltiples carencias en la gestión pública. Por un lado, la falta de planificación a la hora de garantizar la seguridad habitacional y dar seguimiento a las familias afectadas. Por otro, la ausencia de coordinación entre administraciones para dar una respuesta integral que contemple tanto a las personas como a los animales afectados.

Lo que se presentó como una intervención necesaria para mejorar la zona ha terminado por convertirse en un símbolo de abandono institucional. La percepción de los vecinos es clara: se actuó con prisa para desalojar, pero sin un plan sólido para lo que vendría después.

Hoy, el edificio sigue vacío y deteriorándose, mientras las familias siguen sin una vivienda digna y las protectoras cargan con las consecuencias de una crisis que no generaron.
La reocupación por parte de algunos vecinos deja al descubierto que la raíz del problema nunca fue abordada y que la actuación inicial fue, en gran medida, una medida superficial que no solucionó nada a largo plazo.

Un llamado urgente a soluciones reales

Cada día que pasa sin una respuesta, el edificio Chasna se hunde un poco más en el olvido, arrastrando consigo la confianza de toda una comunidad.
No se trata únicamente de reparar un inmueble, sino de restaurar la dignidad y la seguridad de las personas que fueron desalojadas, garantizar el bienestar de los animales que dependen de ellas y demostrar que la gestión pública puede ser eficaz y humana.

Este caso debe servir como lección para que no se repita en otros lugares: los desalojos no pueden ejecutarse sin planes sólidos de realojo, seguimiento y protección animal.
De lo contrario, se corre el riesgo de perpetuar un ciclo en el que la violencia estructural se repite una y otra vez, dejando tras de sí más dolor y más abandono.

Mientras el edificio siga vacío y algunos vecinos continúen viéndose obligados a regresar por pura necesidad, la historia del Chasna será recordada como un fracaso colectivo que afecta tanto a personas como a animales, y como un ejemplo doloroso de lo que ocurre cuando las promesas se quedan en el papel y la realidad se olvida.

Noticias relacionadas

LO MÁS VISTO

Recent Comments